El pueblo que llegó a conocerse como “La Unión”, surgió a lado de una presa en cuyo lecho se fabricaban adobes que adquirieron muy buena fama por su magnífica calidad, en el punto en el que “se unían” dos caminos reales, de ahí su nombre, uno que iba de oriente a poniente- de la Villa de León al pueblo de Nuestra Señora de San Juan -, y otro de norte a sur- de Santa María de los Lagos a la Hacienda de Xalpa. La denominación de “Adobes”, obedeció a los que en el lugar se hacían; posteriormente, al edificarse la primera capilla administrada por Franciscanos, se asignó a la advocación de San Antonio de Padua; lo que ha dado lugar a todo el cambio y variedad histórica de sus nombres.

Reseña histórica:

La tribu con presencia regional un poco más civilizada fueron los tecuexes, con asentamiento principal de Xalostotitlán, quienes establecieron por lo menos dos asentamientos de regular importancia en el actual territorio que ahora ocupa el municipio: Tlacuitapa, que significa en idioma mexicano corrupto: “la que está atrás de” o sea en traducción libre “la escondida” y el otro asentamiento lo fue Nochtlanejo, (Nostanejo), que significa: lugar de tunales o de nopaleras (de Nochtli: nopal).

Antes de la aparición y presencia de los conquistadores españoles, el actual territorio municipal de Unión de San Antonio, estuvo habitado en su mayor parte por tribus bárbaras primitivas, que subsistieron y permanecieron hasta el año de 1531, año en el que hicieron sus primeras apariciones los conquistadores que buscaban descubrir nuevas tierras y en ellas encontrar y “rescatar” metales preciosos.

Las tribus que habitaban la región, eran en su mayoría los tecuexes, aunque al oriente de lo que ahora es el municipio había algunos asentamientos de gumares y copuces que habitaban, principalmente, lo que ahora es la parte occidental del estado de Guanajuato. Ocasionalmente, se hacían presentes en la región los temibles guachichiles, que procedían del norte. A todos estos salvajes, tanto los conquistadores españoles como sus aliados tlaxcaltecas y michoacanos, los calificaban como “Chichimecas”, vocablo que significa “perros de amarrar”, o “los encuerados”, debido a que andaban completamente desnudos y pintados con embijes de diferentes colores de acuerdo a la tribu a la que pertenecían. En su mayoría, estos indios eran nómadas, con pequeñas excepciones de algunos asentamientos, y muy diestros en el uso del arco y las flechas, con frecuencia disputaban y peleaban unas tribus en contra de otras.

En Tlacuitapa, existieron dos pirámides y un templo indígena de mediana importancia que han sido materia de estudios arqueológicos. Adicionalmente, se han encontrado idolillos de barro, cerámica, hachas de piedra y puntas de flecha de pedernal.

En Nochtlanejo, existe una pequeña meseta ovalada y plana en su superficie de unos 70 (setenta) metros de elevación, en cuya cima había dos basamentos de pequeñas pirámides; en su orilla hacia el precipicio, existía una muralla de piedra acomodada a modo de fortificación y desde la base hasta la cúspide existía una rampa de acceso (aún existente), debajo de la cual se encontraban cuevas, de donde actualmente se han desenterrado esqueletos, hachas y otras piezas arqueológicas de mediano interés.

Por el resto del territorio municipal, suelen encontrarse utensilios indígenas, como metates (huilanches o molcajetes); hachas de piedra; cerámica, alguna de ella policromada; e idolillos. En tumbas indígenas, cerca de la actual estación Pedrito, se encontraron cuentas, al parecer de collares, junto con sellos de barro y en la mesita de Santa Teresa, algunos vestigios arqueológicos interesantes.

En un predio denominado “Potrero de El Xocoyol”, inmediato a la Tunalta, se encontró el esqueleto de un mamut.

Del periodo que va de 1531 a 1532, los españoles, aliados con tlaxcaltecas, mexicas y michoacanos, llegaron a la región de Pechititán, lugar que sería el asiento de Santa María de los Lagos y, posteriormente, la Alcaldía Mayor de Santa María de los Lagos, fundada el 31 de marzo de 1563 por Hernán de Martel.

Originalmente, dentro del territorio de Santa María de los Lagos quedaron comprendidas las tierras de los puestos y mercedes reales de Mesillas, Jalpilla, Carreón, El Horno, San Salvador y La Estancita de Providencia perteneciente a Mesillas, en cuyos territorios surgiría, en el siglo XVIII, el asentamiento novohispano, en principio como una hacienda, luego como pueblo y posteriormente, al andar del tiempo, la localidad que sucesivamente llevó los nombres de: Hacienda de Adobes, San Antonio de Adobes, La Unión de Adobes y la Unión de San Antonio, llegaría a ser lo que actualmente es, la cabecera del municipio de Unión de San Antonio.

El poblado no tuvo fundo legal, y al parecer no hay documentos que acrediten tal hecho; simplemente se creó al poniente de una pequeña presa colonial, en la que se hacían adobes, llegando a ser, con el paso del tiempo, pueblo, cabecera parroquial y municipal, Departamento perteneciente al Cantón de Lagos y, finalmente, cabecera municipal y villa.

Previo a la formación del poblado, dentro del territorio se otorgaron mercedes reales, entre ellos, a Juan de Villaseñor, a quien se le asignó con tal carácter el puesto de Mesillas en al año de 1544, o sea antes que la fundación de Santa María de los Lagos. Otras mercedes reales fueron las Haciendas de Jalpilla, de Carreón al oriente y la de San Salvador al poniente.

El pueblo que llegó a conocerse como “La Unión”, surgió a lado de una presa en cuyo lecho se fabricaban adobes que adquirieron muy buena fama por su magnífica calidad, en el punto en el que “se unían” dos caminos reales, de ahí su nombre, uno que iba de oriente a poniente- de la Villa de León al pueblo de Nuestra Señora de San Juan -, y otro de norte a sur- de Santa María de los Lagos a la Hacienda de Xalpa. La denominación de “Adobes”, obedeció a los que en el lugar se hacían; posteriormente, al edificarse la primera capilla administrada por Franciscanos, se asignó a la advocación de San Antonio de Padua; lo que ha dado lugar a todo el cambio y variedad histórica de sus nombres.

A partir del año de 1732, existen documentos en archivos eclesiásticos de Santa María de los Lagos, que dan razón ya de la existencia de Adobes como lugar de vecindad y de nacimientos de algunos feligreses, pero se estima que en 1750 ya existía la Hacienda de Adobes en terrenos también conocidos como Santa Catarina, pertenecientes a La Estancita, que a su vez formaba parte de Mesillas o El Horno.

Fue en 1795, en que los señores Don Pablo González de Ruvalcaba y Gutiérrez y Don José Antonio González y Guerra, laguenses y primos hermanos entre sí, decidieron solicitar a las autoridades eclesiásticas del Arzobispado de Guadalaxara, la erección de una parroquia en el lugar, pidiendo que para ello se tomara la parte sur del territorio y jurisdicción de Santa María de los Lagos. El argumento fue que el pueblo ya tenía alrededor de 1,000 habitantes y contaba con capilla, explicando, además, la necesidad de administrar los santos sacramentos a los feligreses que quedaban aislados en tiempos de lluvias. Después de muchas peripecias, trámites, investigaciones y controversias, 11 de enero de 1808 se estableció y creó la parroquia de San Antonio de Adobes, de acuerdo al decreto firmado por el Excelentísimo señor Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo, Arzobispo de Guadalaxara.

La fecha referida es considerada, extraoficialmente, como la de la fundación formal de la localidad con la categoría de pueblo, asignándosele como jurisdicción lo que actualmente comprende los municipios de Unión de San Antonio, San Diego y San Julián, con reconocimiento expreso de Cabildo o Ayuntamiento, primer Alcalde, segundo Alcalde y regidores.

En actas del cabildo municipal, fechadas el 19 y 23 de junio de 1823, consta el voto del federalismo, por la adhesión al sistema de República Federada, con la concurrencia de los señores: José Santiago González y José María Gómez, Alcaldes Constitucionales de primera y segunda nominación; los regidores José Anna Gutiérrez, Tomás González Laris, José María González Guerra, José María Moreno, José María Ochoa, Apolinario Gómez, Tiburcio Anaya e Ignacio Segovia; y los síndicos procuradores Manuel González Laris y Juan Antonio González Guerra; además, del señor cura párroco Bachiller Don Miguel Dávila.

El templo parroquial estaba ubicado al lado norte de la casa principal de la Hacienda de Adobes, en donde se ubica parte de la sacristía de la actual parroquia; al norte, se estableció el cementerio, lugar en el que posteriormente se inició la construcción del templo y el atrio de San Antonio; actualmente, el antiguo atrio y antes cementerio, está ocupado por el edificio del Señor de la Misericordia, el actual bautisterio y el resto del atrio; donde antiguamente estaban las cocheras de la Hacienda, se localizó y se construyó la calle inicialmente llamada de El Curato, actualmente calle Córdova, en honor del señor cura Tomás Córdova.

En la tercera década del siglo XIX, se inició la construcción del Templo Parroquial de San Antonio, cuyas torres se terminaron hasta principios del siglo XX; el Templo del Señor de la Misericordia, se realizó su construcción en la gestión del señor cura Francisco M. Cabral, que fue costeado en su mayor parte por su propio peculio, alrededor de 1949, concluido como 10 años después.

El primer cura parroquial fue Don Antonio Sánchez Reza, proveniente al parecer de Guadalajara, quien inició su gestión en 1808, pero como era abiertamente simpatizante de la causa de la Independencia Mexicana y del padre Miguel Hidalgo, propició reuniones de conspiradores en el curato de Adobes a finales de 1810 y principios de 1811; lo que le valió ser suspendido y también la suspensión temporal del funcionamiento de la Parroquia de Adobes, aproximadamente por 2 años, ya que en su curato se reunían insurgentes de la Nueva Galicia y Nueva España, particularmente de la Villa de León.

Fue heroína municipal, Doña Leonor Zermeño, originaria y vecina de Tlacuitapa, quien fue fusilada, por ser partidaria de la Independencia, por un General realista.

En 1835, se autorizó oficialmente el uso del nombre de Unión de Adobes, en vez de San Antonio de Adobes.

En el segundo tercio del siglo XIX fue cura párroco de la Unión de San Antonio, el gran benefactor Don Tomás Córdova, originario de Encarnación de Díaz, Jalisco, quien además de llevar la advocación del Señor de la Misericordia, trajo la imagen del venerado Cristo y construyó el primer sistema de conducción de agua entubada, mediante una ingeniosa obra de ingeniería, por la que se captaban las aguas pluviales del cerrito de El Comercio al sur de la localidad, se les conducía por medio de canales a un estanque, “El Tanque del señor Cura”, donde se las almacenaba y de este lugar,  por un ducto de tubería de barro, con alcantarillas para la presión osmótica, se llevaba hasta el centro del jardín principal a una fuente, que para tal efecto se construyó, en cuyo centro estaba la columna de cantera roja y blanca, que actualmente se ubica al sur del jardín principal. El sistema se echó a perder, debido a que con muy buena intención y poco conocimiento, al profundizarse el estanque de almacenamiento se le perdió el piso, provocándose que se hiciera permeable, lo que ocasiona que ya no retiene las aguas. La fuente fue cambiada de lugar en dos ocasiones y en su lugar original se construyó el kiosco de la plaza.

En la época liberal, la mayor parte de los habitantes, se declaró partidaria de los conservadores, a excepción del terrateniente señor Claro Muñoz Moreno, quien junto con un considerable grupo de campesinos defendió la causa liberal, actuando como chinaco, valiéndole el reconocimiento que el Presidente Benito Juárez, le dirigió por medio de una carta manuscrita, reconociéndole sus méritos en campaña.

En época porfirista, la Unión de San Antonio, experimentó un considerable avance, sobre todo en el comercio y las artesanías ya que en la cabecera municipal existían talleres de: tejidos, en los que se fabricaban cobijas y gabanes de lana; curtidurías; obrador; fábrica de jabón; talleres de loza y cerámica e imprenta, que estableció el señor cura Elizondo, quien editó entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX el primer periódico llamado “El Sembrador” con orientación moral y religiosa; el mismo cura, amplió el edificio del curato, terminó las torres de la parroquia y fundó la escuela de artes y oficios; también construyó el Hospitalito en la llamada calle ancha, actualmente calle Juan José Orozco.

A fines del siglo XIX, se segregó el municipio de San Diego de Alejandría y a principios del siglo XX se segregó el municipio de San Julián, del territorio original de la Unión de San Antonio.

En la época de la Revolución Mexicana, a principios de 1914, se habían conjurado los señores Rubén Aguilar y Rodolfo Zepeda Stitcher, en la Hacienda de El Ocote, para levantarse en contra del gobierno del usurpador Victoriano Huerta, por lo que al conocerse sus intenciones, el jefe político Manuel Esperón y de la Flor, les decomisó la caballada, lo que provocó un dramático enfrentamiento el 29 de junio de 1914, en el cual resultaron muertos los 3 implicados.

La noche del 22 de marzo de 1926, una partida de facinerosos, asaltó la población, lo que dio lugar a que gran parte de los habitantes, hicieran una heroica defensa de la población en la que resultaron muertos dos de los atacantes y el señor Carlos María Arreola, originario de Unión de Tula, a quien se le considera un héroe en la defensa de la localidad.

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