A 92 años. Otra version del primer ataque a San Miguel el Alto por los Cristeros, el 1 de enero de 1927. Por Gerardo Torres Moreno.

Salimos de San Julián a San Miguel el Alto. Seriamos cosa de unos treinta individuos. Parece que fue el día 1 de enero de 1927 (fue el último día del año). Me acuerdo que antes de Salir, ya con los caballos ensillados, y todo, nos juntamos en la plaza, aquí en la esquina, enfrente de la botica nueva; vino el Sr. Cura y nos día la bendición con el Santísimo. Esto nos dio mucha fe y mucha devoción en lo que íbamos hacer.
Aquí adelante, a mitad del camino, llegamos a un rancho llamado Sartanejas y ahí estaba…ahí nos salió Victoriano al que le decían El Catorce, a reunirse con nosotros.
Cuando llegamos a San Miguel el Alto, en la mañana del otro día, nos mandó Miguel a cuatro a que nos fuéramos a vigilar la salida del puente que es ahora el paso de la carretera; los demás se fueron debajo de unos sauces a esconderse con todo y caballos…
Sabe que don José María López era entonces el presidente de ahí y ya el gobierno había dado instrucciones de que enseñaran en los libros inconvenientes como los de ahora (se refiere a la reforma al Artículo 3º), y Miguel Hernández fue a intervenir con él para que no lo hiciera; pero sucede que don José María no dio tiempo a que se le hablara si no que tenía ya a la policía en la torre de la parroquia y él estaba con su hijo, afortinado en la presidencia y desde ahí empezaron a tirarnos. Con eso empezó el agarre.
Aquello duró todo el día desde la mañana y toda la noche con un voy y voy que no paraba. Esto empezó a desalentar a don José María que vio que no iba hacer nada con nosotros porque él estaba pensando que tal vez que le iba a llegar refuerzo de afuera. Y como no llegaba nada, entonces se valió de un Sr. Cura (Fermín Padilla) que vivía cerca de la presidencia: “Dígales a los que nos atacan, sean quien sean, que me quiero salir del pueblo, que estoy rendido, que no quiero que me vayan a matar”.
Vino el Sr. cura a traerle la razón a Miguel Hernández y éste aceptó: “Bueno, está bien, díganle que sí”. El que huye, obedece…Pero andaba Victoriano Ramírez y Librado Mojica y Maximiano y Domitilo Jiménez que eran enemigos de José María; no quiso Miguel Hernández que fueran intervenir en nada. Los llamó y les dijo: “Miren, yo no me alcé para vengar agravios como ustedes, así que vamos a respetar la rendición de don José María”. Y entonces los mandó a una comisión para la otra orilla del pueblo, previniendo las cosas, usted sabe; para darle tiempo a don José María para que saliera.
Y salió el presidente y su hijo por una calle que baja derecho al río, donde les tenían caballos preparados. Pero sucede que a la salida, dos muchachos de los nuestros que se habían quedado y no sabían el arreglo con Miguel Hernández, o no los conocían o vaya usted a saber qué, el caso es que vieron a los dos hombres corriendo en estampida con las armas en la mano y rápido que se pusieron hacerles fuego, le pegaron al hijo y le tumbaron el caballo…” Don José María López en su huida llegando al panteón tiro el máuser, después un campesino de La Ciénega lo encontró y le costó que lo encarcelaran.
Entrevista del 3 de agosto de 1975. Por Luis Sandoval Godoy.





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